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El culto a los muertos es tan antiguo como el mismo hombre, y precisamente este rasgo es lo que lo hace diferente del resto de los animales. Desde el período paleolítico medio en Asia y Europa, nuestros ancestros enterraban juntos a los miembros de una familia, o colocaban alimentos, vasijas, herramientas e incluso huesos de animales como símbolo de protección para los difuntos. Miedo, respeto, reverencia, tristeza, soledad son algunos de los sentimientos que la muerte nos despierta, y para reparar o subsanar ese sentimiento de desolación, de pequeñez es que las religiones han creado una serie de explicaciones y justificaciones alrededor de nuestro último acto en la vida, morir. Le invitamos a ver las presentaciones Noche
de Muertos y Noche
de Muertos, día siguiente. |
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En México el culto a la muerte es un sincretismo entre el mundo indígena y el mundo europeo, no es exclusivo del México antiguo, sino una mezcla y asimilación de creencias católicas e indígenas que se efectúa en lugares como Janitzio, Ihuatzio, Tzurumútaro, Tzintzuntzan y Jarácuaro entre otros. Mucha gente se da cita los días 1 y 2 de noviembre en los panteones de diversos lugares de nuestro país para ofrecer el fervor, la tradición, el recuerdo y el cariño por los que ya se fueron, por los que se han adelantado. Además de la visita a los cementerios se colocan altares en los hogares. En Michoacán toma especial relevancia la noche de muertos porque la costumbre de la ofrenda y velación está muy arraigada en muchas de las localidades de la ribera del Lago de Pátzcuaro. El común denominador durante estos días son las ofrendas para que el muerto se refresque, coma y sepa que sus familiares aún lo recuerdan. Es importante señalar y recordar a todos aquellos que deseen presenciar de cerca estás tradiciones vivas, que deben ser respetuosos, la gente elabora las ofrendas para velar a sus muertos por tradición, para el turista es un vistazo al pasado; a un pasado que puede perderse, o transformarse, por lo que se debe apreciar en toda su dimensión. México obtuvo declaratoria en el 2003 del Día de Muertos como obra maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por parte de la UNESCO. Como mexicanos esta distinción nos hace responsables de cuidar, respetar y continuar con una herencia humana, que nos nutre como nación y como seres humanos. Noche de los angelitos Kejtzitakua zapicheri Su recorrido por estas tierras y estas tradiciones lo puede iniciar el día 31 de octubre en Tzintzuntzan ya que en esta localidad es posible apreciar la velación de los angelitos; los que murieron niños o muy jóvenes, solteros o solteras no importando su edad, ya que este atributo se refiere al estado del alma. En su recorrido puede ver túmulos con solo tierra sin lápida sobre los cuales se colocan las flores de tzempasúchil, pico de gallo, coronas de moños y listones de seda, vasos de veladoras votivas y alimentos que el espectador no ve porque están cubiertos amorosamente con manteles bordados. En las tumbas de los niños se pueden ver juguetes y dulces; en otras la foto del difunto; fotos que en ese momento dan la impresión de que la persona se encuentra ahí presente, con esa fuerza que da el cariño con el cual sus familiares velan en la noche fría, esperando a que el muerto disfrute de los manjares que le han colocado. La cantidad de velas en la noche iluminan tanto el camino de los muertos hacia el inframundo, como el camino de ida y regreso de los visitantes
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Animecha kejtsïta kua
En Janitizio tradicionalmente las celebraciones dan comienzo el 31 de octubre con la cacería del pato (Kuirisi-Atakua), actividad casi desaparecida por la escasez de éstas aves. Pero las fechas mas importantes son sin duda los días 1 y 2 de noviembre, días en que los servicios de transporte de lanchas salen de los muelles durante todo el día y la noche para llevar a los visitantes a esta isla mundialmente conocida.
Se recomienda visitar también el 1° de noviembre Ihuatzio y encontrarse con la fiesta, los bailes de grupos de danza de la región y la música tradicional o pirekuas. También se puede ir a Cucuchuchu siguiendo el camino de Ihuatzio, para acudir primero al panteón antiguo, el del campo santo, frente a la iglesia, donde se pueden observar algunas tumbas con ofrendas y velas encendidas y si es la hora, escuchar una campana tañendo. "Dichosos
padrinos Ahí mismo en Cucuchuchu, puede llegarse al panteón que tan solo por la intensidad de su iluminación atrae; son las velas encendidas alrededor de las tumbas, un panteón mucho más grande y lleno de gente, de luz, de flores y de recuerdos, es una experiencia impresionante, primero por la imagen y después por el sentimiento que anda en el aire, que invita a reflexionar acerca de este acompañar en la noche de muertos, que los familiares arreglen la tumba, pongan la comida que más le gustaba. También en este poblado se puede encontrar al costado del panteón un pequeño escenario en donde músicos de la localidad y danzantes de la región, actúan para los visitantes. Es la visión de un México lleno de colores e imágenes que no quisiéramos que cambiara, pero todo se transforma así que se deben aquilatar estas maravillosas experiencias, de aquello que nos define como seres humanos, y como mexicanos, bienvenidos pues a Pátzcuaro y la noche de muertos. |
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